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Publicado 16 de noviembre de 2022

Un camino a la Diversidad y la Inclusión

Por: Adriana Guillén Arango

Según Tagore, cuando las personas montan una obra de teatro, bailan juntas y hacen música juntas, tienen que aprender a ir más allá de la tradición y la autoridad si quieren expresarse con totalidad. El tipo de comunidad creada por las artes no es jerarquizado, es un modelo colaborativo valioso en una sociedad democrática. Esto nos conduce a entender por qué las artes son “fuente crucial de libertad y comunidad”.

Las artes son la posibilidad de que cada persona visibi­lice su historia y, a la vez, conozca la de otros. Son una herramienta para resaltar la diferencia. Por esa razón, la cultura, la diversidad y la inclusión hacen parte hoy del manifiesto del Sistema de Subsidio Familiar, en el que los niños, niñas, jóvenes, adultos mayores, académicos, representantes de la comunidad LGTBIQ+, indígenas, afros, activistas, políticos, trabajadores y empresarios sean actores fundamentales para construir un mundo en el que somos capaces de ponernos en los zapatos del otro.

En este largo camino por generar los más altos niveles de bienestar a la población vulnerable, las Cajas hemos hecho un enorme esfuerzo por acercar a la gente a las expresiones culturales. Somos conscientes de que todas las personas tienen derecho a entender y acceder al arte, a la música, a la literatura y al teatro a través de lenguajes más sencillos y comprensibles, liberando al gran público del sesgo de que estas expresiones son reservadas para unos cuantos y afirmando que solo así tendremos sociedades más incluyentes.

Gracias a que históricamente las Cajas de Compensa­ción tenemos a la cultura como un pilar y un referente en su gestión, una joven de clase media que no había salido del país y que estaba acostumbrada a escuchar tangos y boleros gracias a un querido linaje paisa en los años 80, encontró en Colsubsidio librerías de arte, pinacoteca, salas de música y todo un universo artístico a su alcance.

Esa joven soy yo. Salía de mi universidad en el centro de Bogotá y llegaba al Colsubsidio de la calle 26 a sentarme en un puff a escuchar música clásica. Fue ahí donde por primera vez disfruté las melodías del pianista Glenn Gould y me acerqué hasta los entonces lejanos conciertos de Bach. Esa rutina despertó en mí un interés por comprar, con mi modesta mesada de estudiante, todos los “cassettes” de música clásica que hasta hoy se escuchan en mi casa a todo volumen.

Hoy creo que existen miles de jóvenes que se benefi­ciaron de la visión que tuvo el Sistema de democratizar la cultura. Las Cajas contamos con 210 teatros, centros culturales, escuelas artísticas, salones musicales y auditorios para que niños, niñas, jóvenes y adultos puedan acceder a toda clase de expresiones artísticas. Son escenarios con las más altas calidades que han visto pasar por sus tarimas a las filarmónicas y sinfónicas de Viena, Berlín y Moscú, el teatro Negro de Praga, el Ballet de Cuba, Marcel Marceau, destacadas compañías de Zarzuela, directores y solistas internacionales, compañías de ballet y danza folklórica. También artistas colombianos de todos los géneros y compañías de teatro nacionales de importante nivel.

Y no solo se trata de brindar una oferta, las Cajas hemos fortalecido procesos formativos y de fomento de habilidades artísticas. Hoy contamos con 1.433 músicos en formación entre los 7 y 35 años, y con 48 orquestas folklóricas, filarmónicas, sinfónicas y coros. Asimismo, tenemos presencia en varios rincones del país para promover la lectura con 186 bibliotecas, que son espacios mágicos en los que sin distinción de clases los libros siempre están abiertos a personas ávidas de saber. Es la vocación de las Cajas de Compensación por promover espacios de convivencia. O como narra Irene Vallejo en su libro El infinito en un Junco cuando Hecato encuentra la biblioteca sagrada sobre la cual se hallaba escrito “…Lugar de cuidado del alma”.

Esa frase es lo que representa en el sentido poético el propósito del Sistema, cuidar el alma de los beneficiarios a través de la lectura como viaje, de los libros como brújula y pasaporte, y de las bibliotecas y los teatros como refugio para resistir a mundos caóticos.

Soy una convencida de que los libros nos permiten aprender del pasado e imaginar el futuro; de que son los guardianes del tiempo; o que son el aliado de una madre para dormir a sus hijos con palabras susurradas.

Es la cultura la que nos permite, desde la diferencia, la posibilidad de crear la vida que quieren nuestros afiliados de acuerdo a sus posibilidades, pero sin las restricciones que trae consigo la pobreza. Es transformar la violencia que nos ha acompañado por años, para que niños y niñas no empuñen armas, sino que sostengan instrumentos para ponernos a vibrar con su música.

Ese es el verdadero significado de la inclusión: esfor­zarnos por la construcción de los sueños de alguien, brindar oportunidades y posibilitar el ejercicio de la libertad. Es nuestro manifiesto para entender que todos somos diferentes, diversos y tenemos un lugar para celebrar junto a los otros.

El ADN de las Cajas es el profundo sentido social y humano, lo cual permite tener conversaciones distintas y transformar los miedos hacia el otro en oportunidades para reivindicarnos, igualarnos y exaltar la riqueza de la diferencia.

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