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Publicado 4 de octubre de 2022

MIGUEL ÁNGEL CAJIGAL Y EL ARTE DE LA INCLUSIÓN

El historiador de arte español busca educar a las personas desde una perspectiva disruptiva en la cultura y el conocimiento, para que sean vistos como un derecho a saber y aprender.

 

¿Por qué hablamos siempre de los mismos artistas y pintores? ¿Por qué muchos han pasado al olvido? ¿Qué rol está jugando la historia del arte? Hace unos siete años un perfil anónimo de redes sociales llamado El Barroquista comenzó a poner sobre la mesa una discusión disruptiva de la forma en que vemos el arte.

 

Detrás del perfil, que se convirtió en un fenómeno influenciador, estaba el español Miguel Ángel Cajigal, historiador del arte por más de 20 años y quien se atrevió a decir que el disfrute del arte no debe estar reservado a una élite sino que debe ser un derecho universal al cual todos deberían tener acceso.

 

Su intención no era otra que generar puentes de comunicación para que las personas se acercaran de manera natural y orgánica a las diferentes manifestaciones artísticas generando conocimiento y un mayor disfrute de la cultura. Pero ¿cómo lograrlo?

 

Según Cajigal, el acceso no es simplemente que las entradas de un museo sean más baratas o gratuitas, o que existan programas públicos de televisión; sino que realmente las personas se sientan incluidas y encuentren nuevos referentes, a partir de relatos y anécdotas que les permitan conocer historias diferentes a las que siempre se cuentan en los museos.

 

En pocas palabras, un acceso público a la información que durante décadas ha parecido que pertenece a un pequeño grupo de intelectuales. Miguel Ángel Cajigal es uno de los que está convencido de que la cultura es un viaje que alimenta a las personas.

 

También lo decía Federico García Lorca cuando inauguró la biblioteca de su pueblo: “(…) no sólo de pan vive el hombre, es necesario alimentar su mente y espíritu porque es tan necesario el pan como un libro”. Para el poeta no se puede hablar solamente de reivindicaciones económicas sin nombrar jamás las reivindicaciones culturales: “…porque está bien que todos los hombres coman, pero es mejor que todos los hombres sepan. Que gocen todos los frutos del espíritu humano porque lo contrario es convertirlos en máquinas (…)”.

 

El arte son historias

El rol de la historia del arte cada día evoluciona. No simplemente es concentrarse en los artistas conocidos y sus obras: La Gioconda o Mona Lisa de Leonardo da Vinci, las Meninas de Velásquez o de Picasso. Sino propiciar que las personas no solo las reconozcan, sino que a través de ellas puedan recrear los contextos de la época en la cual fueron creadas, las historias que las rodean, de forma que el intérprete le otorgue contenido.

 

Para Cajigal la historia del arte debe también reivindicar la memoria de los artistas olvidados, así como de aquellas artistas -mujeres- que por siglos permanecieron en el anonimato bien porque las galerías y museos decidieron dejar sus pinturas en los depósitos o bien porque permanecieron ocultas bajo un seudónimo masculino. Se trata

de conocer su realidad humana –la persona que está detrás del artista–, los contextos y lo que sus creaciones significaron para su época.

 

En su charla La historia del arte y sus curiosidades, pone como ejemplo al artista El Bosco con su cuadro El Jardín de las Delicias. “La gente va a verlo como quien va a ver una película de Disney o Pixar: ‘¡muy bonito lo que pintó El Bosco! ¡Mira qué simpático!¡Mira qué pico más extraño tiene ese! ¡Mira qué grotesca esta figura!’ Y a mucha gente le parece

que es un cuadro fantástico para explicar a los niños y a las niñas el arte, cuando en realidad El Bosco, lo que quería era meternos miedo y decirnos: ‘El mundo es terrible si no te comportas cómo debes’. Eso es un problema porque hemos perdido el enganche y la conexión con cómo pensaba la gente de la época de este artista y analizamos el cuadro como pensamos en nuestra época. Ahí es dondeentra la historia del arte, poder recomponer ese lazo y volver a conectar la época en la que se hicieron las obras de arte con la época presente”.

 

Cajigal propone que las historias ayuden a desdramatizar la forma en que las personas se aproximan al arte y a no pensar en los artistas como intocables. Detrás de las obras extraordinarias, hay personas ordinarias. Y eso es lo que busca el historiador español demostrar cuando explica que lo importante son las historias y las anécdotas que nos llevan a conectarnos más con el humano, sus vivencias y experiencias.

 

“A lo mejor la gente puede entender que si se nos hace bola la vida no es tan grave y a lo mejor podemos también llegar a hacer cosas excelentes y extraordinarias como los artistas”, señala Cagigal, quien agrega que su disciplina debe empezar a cumplir ese rol que ejercen historiadores o periodistas. Según él, es la forma en que se empezaría a valorar el arte de una forma diferente, para protegerlo y darle sentido común.

 

La reivindicación de la mujer en el arte

 

A la pintora francesa Rosa Bonheur la dejaron en el olvido en el museo El Prado por ser lesbiana. Cajigal cuenta la historia de cómo un cuadro de una de las artistas más importantes del siglo XIX nunca fue expuesto, a pesar de que se trataba de una mujer famosa e influyente en su época por pintar retratos de animales, al punto que se vendían muñecas con su forma y vivía en un castillo con su pareja rodeada de leones.

 

El nombre de Rosa Bonheur era conocido en las mejores pinacotecas del mundo, pero en España la mantenían oculta. Desde 1879 tenían en El Prado un cuadro llamado El Cid, el cual es un retrato de un león; y solo hasta 2017 volvió a ver la luz en el marco de la exposición La mirada del otro, una de las actividades de la celebración del Orgullo Gay de ese año.

 

Fue entonces que tres historiadores, entre ellos Cajigal, comenzaron una cruzada en redes para que el museo El Prado dejará en permanente exposición el cuadro que les había regalado Bonheur. Según Cajigal, detrás de este olvido voluntario de una artista que recibió todos los galardones y condecoraciones de la realeza europea, se escondía el deseo por ocultar la obra de una gran pintora por su orientación sexual. Su vida privada no era un secreto y era tal su reconocimiento que llegó a tener el permiso de utilizar pantalones, los cuales eran prohibidos en el siglo XIX para las mujeres, porque sus vestidos le molestaban a la hora de trabajar.

 

Esta situación también llevó a que muchas biografías ocultaran su orientación sexual y eso multiplicó los problemas para acceder a una información real sobre Rosa Bonheur. Sumado a todo esto, Cajigal explica que el simple hecho de ser mujer iba a generar un problema, pues la historia del arte no le ha dado la importancia y el lugar al rol que han jugado las mujeres artistas.

 

“Todavía nos queda mucho por recuperar en cuanto al conocimiento de las mujeres artistas de los diferentes siglos, porque quizás esa idea de lo masculino genérico nos ha hecho muchísimo daño”, sentencia Cajigal. La reivindicación del rol femenino en el arte es una tarea pendiente, pues se asume con ligereza que la mayoría de las obras famosas, esculturas y cuadros son hechas por hombres.

 

“El Barroquista”

 

Con 20 años de trayectoria como historiador de arte, Miguel Ángel Cajigal comenzó a pensar una forma “subversiva” –como él mismo lo califica– en redes sociales para llevar el arte a todos los públicos. Inició bajo el seudónimo de El Barroquista, haciendo honor al periodo artístico que más le gusta. Su objetivo era ser disruptivo al hablar de artistas que estaban en un pedestal y parecían intocables, cuando la realidad es que también eran seres humanos.

 

En su libro Otra historia del arte: No pasa nada si no te gustan Las Meninas, Cajigal reúne sus pensamientos sobre el arte. Ya son cuatro ediciones y es un fenómeno en redes sociales por divulgar contenidos culturales que pueden ser entendidos por cualquier persona. “¿Qué pasa si no te gustan las Meninas?” es una pregunta poderosa, en la cual

realza la importancia de interpretar el arte desde una visión más humana, que intente comprender al artista detrás de una obra.

 

En sus páginas, Miguel Ángel Cajigal hace un viaje que permite al lector finalmente interesarse por el arte y aprender a distinguir entre el gusto y el interés, ya que detrás de cada cuadro, escultura u obra hay una historia de un ser humano que logró algo extraordinario.

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