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Publicado 4 de noviembre de 2020

La vida en un espacio: trabajar, estudiar y convivir

establecer normas claras que marquen la diferencia entre los tiempos destinados para el estudio y el trabajo, frente a aquellos que se deben dedicar al ocio y el esparcimiento.

La pandemia ha dejado graves consecuencias en la economía mundial, y también en los hogares. Un fenómeno social muy grave, que no solamente se percibe en el distanciamiento obligatorio para evitar la propagación del virus, se trasladó a las familias, ya que desde el inicio de la cuarentena se planteó como exigencia trabajar, estudiar y realizar todo tipo de actividades en un solo escenario: la casa.

El cambio, tan inesperado como radical, puso a adultos y niños a experimentar complejas situaciones, porque la exigencia sanitaria implicaba combinar la convivencia con otras labores que cada miembro de la familia llevaba a cabo por fuera de sus casas y que, al mezclarlas en un mismo espacio, causan conflictos, estrés, desconcierto y requieren de atención especial para que no se salgan de control.

Y aunque todo empezó como una condición ‘temporal’, los meses se han ido marcando en el calendario. Actualmente, el Gobierno Nacional ha tenido que emitir diferentes disposiciones para regular este tema, como el Decreto 1168, que en términos de teletrabajo sostiene que durante el tiempo que dure la emergencia sanitaria, “las entidades del sector público y privado procurarán que sus empleados o contratistas cuya presencia no sea indispensable en la sede de trabajo desarrollen las funciones y obligaciones bajo las modalidades de teletrabajo, trabajo en casa u otras similares”.

En el regreso a los colegios sucede algo similar, puesto que ya se implementó la modalidad para que de forma gradual, progresiva y segura se pueda cumplir este objetivo. Sin embargo, ese plan de reactivación, que comenzó en septiembre, podría extenderse hasta diciembre, ya que a partir del próximo año se espera que estos centros educativos tengan clases de manera presencial, según estimaciones del Ministerio de Educación Nacional.

 

Teletrabajo y productividad

 Acerca del teletrabajo, Carlos Mauricio Vásquez, Director Administrativo de Compensar, manifestó que para muchos de los colaboradores de la entidad que antes se mostraban escépticos frente a esta modalidad, el experimento ha resultado tan positivo que hoy están pidiendo quedarse en este modelo de manera definitiva.

“Si de forma mágica algún día se evaporara el virus, creo que no sería tan lógico que todos volviéramos a las oficinas, porque algo descubrimos en estos más de cuatro meses que hace que sea interesante, vimos mejora en la calidad de vida y es lo que hemos perseguido desde el principio de esta iniciativa. Hoy en Compensar tenemos a 892 trabajadores bajo esta modalidad”, señaló Vásquez.

Y hablando de teletrabajo y trabajo en casa el Congresista de la República, Mauricio Toro Orjuela, quien es experto en temas de innovación y emprendimiento, expuso lo que ha significado para los trabajadores la migración de la oficina a la casa, donde las reuniones por plataformas digitales no solo se han incrementado sino que han tendido a volverse más extensas de lo normal. “Las sesiones en el Congreso suelen ser largas, pero las virtuales se hicieron interminables”. Cuenta que en una sesión usualmente intervienen los mismos 50 o 60 porque la Ley Quinta prohíbe leer y esto requiere de un entrenamiento para ir a hacer un debate y tener toda la información, además que los nervios juegan un papel importante.

Pero en esta modalidad a distancia y desde los computadores, ya no solo se pronuncian  los 60 sino 170, lo que ha llevado a sesiones no de 10, sino de 19 o 20 horas de duración.

Sin entrar a juzgar si este modelo es o no el ideal, otra certeza que ha dejado la pandemia es que la productividad ha mejorado de manera sostenible. Giovanny Stella, Country Manager de Google para Colombia, reconoció que efectivamente se está trabajando de una manera más productiva, aunque le preocupa justamente la sobreexposición a reuniones de todo tipo.

“Sí se incrementa la productividad, pero también la intensidad de trabajo y eso es algo que hay que cuidar, porque va a generar una sobrecarga o por lo menos ese es el riesgo, por lo que hay que establecer unas protecciones para que la gente no se queme con ese aumento de la productividad”, precisó el directivo.

Otras conclusiones desprendidas de este diálogo dejan en evidencia que, así como a los jóvenes se les facilita mucho más el mundo virtual, a los mayores les hace más falta el contacto con sus compañeros de trabajo. Pero es un hecho que un gran porcentaje de la población se ha acoplado al teletrabajo y a las ventajas de tiempo y movilidad que este reduce.

Lo anterior hace que la combinación entre el trabajo y la educación en casa tome mayor relevancia y se deba manejar de una forma adecuada para evitar problemas en los hogares. Establecer normas claras que marquen una diferencia entre los tiempos destinados para el estudio y el trabajo, frente a aquellos que se deben dedicar al ocio y el esparcimiento, son recomendaciones frecuentes entre los expertos.

Al respecto, Ariel Arias González, Subdirector de Educación de Comfenalco Quindío, asevera que la observación hace parte de la experiencia de aprender del niño a través del ejemplo que le da el adulto, y que este se apropia de hábitos, rutinas y rituales, así como valores de responsabilidad y disciplina.

Por eso, cree que el papel del adulto consistirá en orientar las metas que se deben alcanzar cada día, revisar con el niño sus alcances, generando nuevos retos, con el acompañamiento de los maestros del sector educativo. “En este sentido es importante saber que no evaluamos contenidos, evaluamos procesos de aprendizaje cualitativos, orientados al desarrollo cognitivo de los niños, de acuerdo con sus presaberes y avances personales, que el padre de familia comprenda que los niños aprenden por medio de su individualidad y, por lo tanto, de manera diferente”.

A su turno, Jaime Rafael Vizcaíno, Director de Primera Infancia del Ministerio de Educación Nacional, expresa que las niñas y niños reconocen los diversos momentos en que se organiza su día y saben cuándo es momento para jugar, descansar, comer, leer un libro y colorear, entre otros, pero el reto está en que los adultos entiendan que en la primera infancia el desarrollo y el aprendizaje suceden en todo momento. “Por eso insistimos en el valor de la vida cotidiana, pues no se trata de que el hogar reemplace el escenario educativo, sino que las familias apoyen los procesos de aprendizaje desde las actividades propias del hogar”.

En ese sentido, tal como lo plantea la maestra y pedagoga Nélida Zaitegi en el espacio creado por el BBVA ‘Aprendemos juntos, un proyecto de educación para una vida mejor’, “para educar bien a un niño hace falta una buena tribu”, una afirmación que sustenta diciendo que la escuela sola no puede, siendo que una gran parte de su educación tiene como escenario su propio hogar, de acuerdo con lo que ve y recibe en él y de sus familiares. “Cuando decimos, esto es un tema de educación, eso es cierto, pero la pregunta es ¿de quién? En esto quiero ser absolutamente rotunda y que no nos hagan trampas. Que cada uno eduque desde lo que le toca. Educamos siempre y en todo lugar”, enfatiza Zaitegi.

 

Nuevas Actividades y rutinas

Para aportar a esa situación que empezaron a vivir las familias, Carlos Mauricio Vásquez, Director Administrativo de Compensar, resaltó que desde los primeros meses los profesores de la entidad –hasta con recursos propios– comenzaron a ingeniárselas para dictar sus clases que paulatinamente fueron acogidas por los usuarios. Luego la Caja, además de atender las necesidades de sus afiliados en salud y subsidios, también habilitó (en alianza con un e-commerce) una plataforma para ampliar esa oferta para las familias, quienes hoy valoran el hecho de poder realizar juntos diversas actividades como cursos de cocina, charlas de apoyo mental, sesiones individuales con psicoterapeutas e iniciativas que ayudaran a nivelar el estrés y la ansiedad que genera el confinamiento.

“Por eso quiero hacer un reconocimiento a las Cajas, porque todas se han puesto la mano en el corazón y han sabido llegar a su población, conociéndolas de la mejor forma para hacer que se sientan un poco más aliviadas en medio de esta difícil situación”, anotó Carlos Mauricio Vásquez.

Por su parte, el Director de Primera Infancia del Ministerio de Educación Nacional dice que el papel de los padres en esta coyuntura es definitivo, pues cuando los adultos participan y motivan juegos, exploraciones, creaciones, expresiones de las niñas y niños, se comunican con ellos y ellas permanentemente, al igual que aportar en la construcción de su autonomía y comprensión del mundo, promueven oportunidades para potenciar su desarrollo y aprendizaje.

Y es que, en la cotidianidad, en los momentos de higiene personal, de alimentación, de organización del hogar, de preparación de alimentos o de diversión en familia, se generan experiencias que complejizan su pensamiento y formas de actuar.

“Por ello es fundamental que a la hora de definir nuevas rutinas para el retorno gradual y progresivo, nos organicemos en familia y acordemos espacios para conversar, reflexionar y decidir conjuntamente. Es una realidad que este virus estará con nosotros por mucho tiempo, y eso nos lleva a plantear acciones conjuntamente para cuidarnos y cuidar de los otros. Esto implica entender la salud física, reconocer y aprender a manejar las emociones, fortalecer los acuerdos para la convivencia y asumir hábitos para asegurar nuestro bienestar”, recomienda el funcionario.

En esa línea, Ariel Arias manifiesta que los padres deben aprender de los niños a ser honestos y tranquilos en la convivencia, permitiéndose expresar todos los sentimientos que les generan lo que está pasando, y que es una forma de establecer un diálogo permanente a través de la palabra y la comunicación no verbal.

“El niño sabe que sus padres son de su misma esencia, la diferencia es que son sus héroes, pero son héroes que sienten, que aman, juegan y los protegen, eso les genera tranquilidad, permitiéndoles hacer sus propios procesos de resiliencia, liberando sus miedos, temores y angustias; el adulto debe perder el miedo a ser humano ante el niño, a expresarse, a sentir y como familia darse la oportunidad de reconocerse y validarse a través del otro”, subraya Arias.

No obstante, también hay que ver la problemática desde todos los escenarios y poner especial atención en esos núcleos familiares, por ejemplo, los de los estratos 1, 2 y 3, que le deben sumar al confinamiento serias dificultades económicas y sociales al tiempo que cuidan y educan a sus hijos.

En ese sentido, el Subdirector de Educación de Comfenalco Quindío, reconoce que es un tema complejo y más porque todo menor de edad debe de estar acompañado de un adulto. Sin embargo, cree que la sociedad colombiana se ve enfrentada a este tipo de situaciones en las poblaciones más vulnerables del país y que la orientación escolar, aunque es virtual, debe ofrecer alternativas para el trabajo en casa.

“En cuanto a la toma de decisiones de un adulto a cargo de un menor, considero que una de las acciones que ellos deben generar en el interior de sus familias es la generación de hábitos que permitan el fomento de prácticas de convivencia basadas en las responsabilidades individuales y colectivas. Dependiendo de las edades de los niños, se deben delegar tareas que permitan que ellos identifiquen que sus padres confían en ellos, permitiendo a su vez el desarrollo de la autoestima y el valor de pertenecer a un grupo, de tal manera que la toma de decisiones sea analizadas frente a las consecuencias que ellas puedan tener”, asegura Arias.

 

Una nueva forma de Aprender

Según Jaime Rafael Vizcaíno, si bien para el retorno progresivo se tienen algunas limitaciones debido a las recomendaciones de distanciamiento físico, las niñas y niños han encontrado múltiples formas para continuar disfrutando de espacios de interacción y comunicación con otros niños y con sus familiares.

Así mismo, piensa que el proceso educativo que se lleve a cabo exige una atención especial al desarrollo socioemocional de las niñas y los niños, dado que las dinámicas sociales y relacionales han cambiado significativamente. Adaptarse a las nuevas rutinas, formas de saludar, jugar, expresar afecto, compartir con otros, generan diversos sentimientos y comportamientos.

De otra parte, hay que tener en cuenta un fenómeno nuevo que están padeciendo los alumnos y es la sobrecarga a la que se han visto sometidos, puesto que, lo que en un comienzo pudo preocupar a padres y profesores frente a lo que significaría migrar el estudio a los hogares, se tradujo en jornadas más largas, intensas y con una mayor exigencia para ellos.

Sobre esa situación, Moisés Wasserman, profesor y exrector de la Universidad Nacional de Colombia, concluye que esa sobrecarga se debe a muchas cosas, entre otras a que no hay preparación en los profesores para el uso de instrumentos digitales, por lo que existe improvisación, con toda la buena voluntad, pero a veces con errores.

El consultor en educación Francisco Cajiao complementa esa idea al explicar que el cierre de colegios y universidades fue repentino y que en menos de una semana todos los maestros del país se vieron obligados a trabajar de una manera para la cual no estaban preparados. Así, el resultado inicial, que duró todo el primer semestre del año, fue el intento de inventar una educación desconocida sobre la marcha y a base de improvisación.

Así mismo, añade que se debe reconocer que esto exigió un enorme esfuerzo de los equipos de docentes, de los directivos y de las autoridades nacionales y locales, pero que fue necesario ir dosificando las cargas de trabajo que no solamente fueron para los estudiantes, sino para las familias y para los educadores.

Mientras que para Luis Hernán Cardona, jefe de la División de Educación y Desarrollo Social de Cafam, la llamada sobrecarga escolar es atribuible a aspectos relacionados con la organización apremiante que manejaron las instituciones para definir los espacios de aprendizaje sincrónicos y asincrónicos, el afán de aprovechar la infinidad de recursos que ofrece la red, la aplicación de herramientas virtuales que poco a poco fueron asimiladas por los docentes y transferidas en la actividad escolar, la falta de hábitos y disciplinas en el manejo autónomo del tiempo por parte de los niños y adolescentes y la obligación de los padres, finalmente asumida por los estudiantes frente a las labores del hogar y el cuidado de los hermanos menores.

Por eso, y en aras del equilibrio, considera fundamental que los diferentes actores del proceso educativo en los que se encuentran familia, estudiante y escuela replanteen los hábitos y la organización que fue asumida por cada uno de ellos, dadas las condiciones que se tejieron al interior de los hogares y de las escuelas del país. Al igual que las instituciones educativas deben diseñar tareas escolares creativas, contextualizadas y adaptadas a las necesidades y dificultades de cada estudiante.

Con todo este panorama, y entendiendo que la permanencia en los hogares seguramente se seguirá prolongando, es fundamental establecer reglas claras en los hogares, acompañar y promover los espacios de autoformación de los hijos con la organización de tiempos, horarios y acceso a los recursos necesarios para el aprendizaje, brindando ambientes emocionales sanos que favorezcan el diálogo y la comunicación, pero sin olvidar y dejar de lado los momentos y las actividades para compartir en familia, en la cual cada uno de sus miembros son importantes.

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