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Publicado 4 de noviembre de 2020

Habitar la casa en medio de la incertidumbre

Por: María Margarita Ruiz Rodgers, directora de Proyectos Socales y Económicos, Asocajas

En esta oportunidad, creo importante poner sobre la mesa un tema que ronda a las familias y a las Cajas de Compensación Familiar: la casa como símbolo, aquel lugar físico y emocional en el que vivimos, en el que encontramos seguridad y protección y en el que construimos el hogar.

La casa, la familia y el hogar son espacios de interacción que habitamos de diversas maneras, son lugares de encuentro de los individuos que proyectan a la sociedad lo que ocurre allí en su interior. Por eso, pensar y construir la vivienda, va mucho más allá de la edificación y de las cuatro paredes, como comúnmente se denomina. Pensar la vivienda, significa brindar un espacio habitable, significa responder a tradiciones culturales que perduran y se mantienen de generación en generación, tener una calidad de vida y, a su vez, significa una forma de proteger y asegurar familias y hogares.

Esta protección y seguridad son esenciales para la vida de un individuo y son indispensables en la superación de las condiciones de pobreza, teniendo en cuenta la capacidad de adquirir propiedades (tanto de tierra, como bienes muebles) y tener derechos de propiedad en igualdad de condiciones que los demás. La casa-vivienda en su connotación física, además de ser el lugar de encuentro seguro, apartado de todos los riesgos de la calle, de la ciudad y del espacio público, es un bien transable que garantiza el patrimonio familiar y en ese sentido brinda seguridad financiera a las familias, especialmente en las culturas latinoamericanas. “Tener casa no es riqueza, pero no tenerla si es pobreza” reza un dicho popular, con el cual en Colombia ha hecho carrera la urgencia de la propiedad de la vivienda.

 

Veamos el caso colombiano

De acuerdo con el DANE (2020), en el país contamos con diferentes tipos de vivienda, una de ellas es la vivienda tradicional indígena, es decir, una edificación construida con materiales propios del entorno de acuerdo con la cultura, costumbres y tradiciones del pueblo que reside en ella. Para Colombia también se identifican conceptos de vivienda, los cuales, se denominan como un espacio no destinado para vivienda adaptado para ello, donde habitan personas. Generalmente, estos lugares carecen de servicio sanitario y cocina en su interior: aquí se consideran los puentes, las cuevas, las carpas, los vagones de tren, los contenedores, las casetas, las embarcaciones, etc.

El DANE también menciona la vivienda de inquilinato como una edificación adaptada o transformada para alojar varios hogares que comparten servicios y con una entrada común desde la calle. En un inquilinato pueden o no encontrarse varias familias que comparten espacios y que pueden compartir o no una cocina, que muchas veces se define como hogar. Cada hogar vive generalmente en uno o más cuartos. Los servicios no son exclusivos y en la mayoría de los casos están ubicados en el patio, solar o corredores.

La anterior descripción es fundamental para conocer la importancia de asimilar la vivienda, el hogar y por supuesto más trascendente aún, su relación con la familia. Esto nos lleva a plantear que hay muchas familias que carecen de una vivienda adecuada, en donde los espacios físicos habitables cumplan con estándares de calidad que permitan que esta sea pertinente con las necesidades de los hogares. Las cifras del DANE (2018) nos dicen que un 26.78% de la población colombiana no vive en espacios habitables, porque sus viviendas tienen carencias de todo tipo: de saneamiento; estructura; espacio suficiente para el número de personas que conviven en el hogar, etc. Así mismo, un 9.8% de familias no tienen vivienda propia y una gran proporción de hogares no tienen los medios para acceder a ella.

En esta época de pandemia en donde se incrementó la crisis social y económica, se ha hecho visible cómo el acceso a una vivienda adecuada, de calidad, que permita una convivencia pacífica entre los miembros del hogar es indispensable.

Los espacios reducidos o mal construidos agravan no solamente la situación sanitaria, sino también la condición social y mental de todas las familias en el mundo. Cabe anotar que los hogares que están siendo más afectados aún se encuentran en territorios, ciudades y municipios con altos niveles de densidad, hacinamiento y pobreza, donde las carencias habitacionales son más críticas.

 

Acceso a vivienda

Es relevante evidenciar que las familias son la esencia del Sistema de Compensación Familiar, quienes fortalecen los hogares y proveen casas o viviendas. Las Cajas construyen valor social a partir de sus acciones integrales que vinculan diferentes servicios, entre otros el de vivienda. Lo importante de su propósito en la construcción de tejido social es fomentar el crecimiento individual y colectivo como sociedad. En este sentido, más de 50.000 familias son acompañadas por las entidades quienes brindan este acceso a vivienda, forma en la cual la población colombiana es apoyada, atendida, protegida y asegurada.

La casa es el lugar por excelencia de cuidado, por ello la importancia de la resignificación de la vivienda, pensada en función de la familia y del hogar que la habita para que sea un lugar que genera bienestar y mitiga el riesgo de enfermedad, muerte y descomposición social. Hoy tenemos múltiples formas de garantizar la protección y seguridad para la familia: una es acceder a una vivienda ofertada en el mercado; también están las diferentes formas de arrendamiento y las variadas formas de construcción autogestionada o cooperativas impulsadas por muchos países latinoamericanos.

Hoy más que nunca se debe resignificar la vivienda. Sí, pensar la construcción como un aporte al desarrollo económico, pero incluso más que eso, como un aporte significativo al desarrollo social y cultural de los individuos y sus familias y por esta vía de la sociedad en su conjunto. La casa o vivienda, la familia y el hogar son conceptos y acciones que están intrínsecamente relacionados, que dependen uno del otro y su importancia radica en que estas son necesidades vitales que debe suplir la sociedad.

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