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Publicado 5 de julio de 2020

De reencuentros y reinvenciones

Por: Comité Editorial – Caja de Resonancia | EDICIÓN 34

Si algo ha llevado a la humanidad a reinventarse son las situaciones adversas. Eso es posible debido a nuestra capacidad de resiliencia que, tal y como lo define Edith Grotberg1, hace parte de nuestro proceso evolutivo y de adaptación al cambio. Así es como la humanidad ha podido sobrevivir a episodios tan fuertes como, por ejemplo, las dos guerras mundiales del Siglo XX. Justamente después de la Segunda Guerra es que las ciencias sociales comienzan a investigar con más profundidad la resiliencia para comprender las causas de las psicopatologías.

 

En Colombia y, en el mundo, nadie se imaginó el 31 de diciembre de 2019 que un virus aparecido en China iba a provocar la situación de confinamiento global. Desde el 6 de marzo, cuando se registró el primer caso de COVID-19 en el país, aún se cuestionaba si realmente iba a propagarse la pandemia con la letalidad que ya se registraba en las noticias que llegaban de Europa. El 20 de marzo, en un pulso propio de estas situaciones de crisis, Bogotá y varias ciudades decidieron hacer un simulacro de aislamiento. El 23 de marzo se decretaría la cuarentena nacional y el confinamiento de los cerca de 50 millones de colombianos.

 

La situación trajo, desde entonces, un gran reto para las autoridades. Muchas familias en la informalidad -que según el DANE ronda el 48%- debían escoger entre pasar hambre y cuidarse del virus.

 

Los trapos rojos que comenzaron a verse en Soacha, municipio vecino al sur de Bogotá -como parte de una iniciativa de la Alcaldía para identificar los hogares con hambre – fue el símbolo del confinamiento y la crisis social.  También los empleos empezaron a destruirse y, con ellos, a sumar más colombianos en búsqueda de un Ingreso Solidario o subsidio de desempleo. De acuerdo con un análisis de la Asociación Nacional de Instituciones Financieras (ANIF), la desocupación en el país, producto de la pandemia podría alcanzar el 22%. Entre marzo y abril, los bloqueos en zonas populares de Bogotá reclamando las ayudas del Distrito han sido más recurrentes que resultan insuficientes a pesar del gran movimiento de solidaridad que ha resultado de las donatones para apalear, en parte, la difícil situación.  De otra parte, las oficinas se trasladaron a las casas. Desde allí, la nueva normalidad de compartir trabajo, colegios y familia se redujo a un solo espacio. El confinamiento provocado por el coronavirus marca una nueva forma de vivir. Atrás quedaron los afanes para llegar a tiempo en medio del caótico tráfico de las ciudades.

 

Carlos Enrique Cavelier, presidente y -como él mismo se presenta- coordinador de sueños de Alquería tiene una percepción sobre esta situación. “Uno en estos momentos se aferra a sentimientos como la esperanza y la confianza”, dice. Las reflexiones, acordes a la actual época, también se reflejan en Jacobo Tovar, director de Comfandi, quien considera que en esta coyuntura existe la posibilidad de ver nuevamente la esencia más allá del cargo. “Uno es miembro de una familia. Es papá y esposo. Lo digo porque uno se encarreta mucho con otras actividades y está por fuera de la casa por mucho tiempo”. Y como le pasó a Carlos Mauricio Vásquez, director de Compensar, el confinamiento fue una oportunidad de reencontrarse con su núcleo. “Antes de este aislamiento, los espacios entre semana eran muy reducidos y las cosas simples como un desayuno, un almuerzo -por las obligaciones- no se podían tener en familia. Me hace recordar las épocas en las que uno era pequeño y tenía a sus papás en casa” cuenta.

 

El país ha demostrado que es capaz de innovar y adaptarse. Y algo más positivo, que sin un trabajo en equipo no es posible salir fortalecidos. El Gobierno Nacional y las autoridades, a través de medidas como el confinamiento, buscaron mitigar el contagio rápido de este virus con el objetivo de preparar mejor los hospitales del país. En el caso de Compensar, según su director, en temas de salud reaccionaron muy rápido. “Fuimos de los primeros laboratorios que apoyaron al Instituto Nacional de Salud con el procesamiento de las pruebas de COVID-19 y aportamos cerca de 2.000 diarias”, señala. El aporte de Compensar también va encaminado al equipo humano del laboratorio que creó un dispositivo muy escaso para la toma de la muestra del coronavirus y ha permitido compartir ese conocimiento para producirlo y entregarlo a otras Empresas Promotoras de Salud (EPS). Vásquez cuenta que el compromiso de Compensar también se vio reflejado en los avances de la Clínica Los Cobos – ubicada en Bogotá – para aportar elementos de bioseguridad. “Se aumentó la capacidad en las Unidades de Cuidados Intensivos (UCI), además de Los Cobos, en el Hospital Juan Ciudad Mederi”, agregó.

 

Esa misma firmeza y rapidez de Compensar no fue solamente hacia afuera. Según el director Vásquez, sus trabajadores fueron de los primeros que, en medio de una incertidumbre laboral creciente, podían estar tranquilos debido a la garantía de estabilidad laboral. Y como un edificio que se construye sólidamente, sus cimientos fuertes se blindaron con la solidaridad. “Recibimos propuestas de nuestros colaboradores para hacer ajustes en los salarios y, de esta manera, garantizar el bienestar de todos”, puntualizó Vásquez. También la resiliencia se vio reflejada en la capacidad de adaptación de los colaboradores de Compensar, quienes van a cumplir su primer trimestre trabajando desde casa, y ya han manifestado que prefieren esta nueva rutina que el traslado a las sedes corporativas.

 

Ahora bien, si la solidaridad fue el sentimiento que movió a Compensar en esta crisis, para Carlos Enrique Cavelier, por ejemplo, su mayor inspiración se resume en una palabra: Ayudar. “Es lo que más me motiva como lo hemos hecho durante mucho tiempo en Alquería” anota. Tres ejemplos ha compartido para trabajar hombro a hombro y buscar soluciones a la adversidad. El primero de ellos es con la Universidad de los Andes. “Desde hace siete semanas, cuando me enteré que estaban haciendo pruebas y testeos, fuimos a trabajar con el rector Alejandro Gaviria por las comunidades. Logramos facilitar que otras instituciones se sumaran para aumentar la capacidad de desarrollar pruebas” agregó.

 

En otro frente, la resiliencia se puso a prueba en el Consejo Privado de Competitividad con el que llevan varias semanas de trabajo coordinado para generar planes sobre ayudas solidarias, empleo, liquidez bancaria y ayudas a los empleados. Y un tercer frente es con ProBogotá para fortale cer la capacidad hospitalaria de la ciudad y, de esta manera, atender los picos que se pueden presentar con la propagación del virus. “Si algo nos ha demostrado esta pandemia es que todos estamos dispuestos a trabajar por la comunidad, por el bien común. A unirnos para salir adelante, eso es realmente la inspiración que se necesita en esta crisis. Es muy esperanzador” relata el coordinador de sueños de Alquería.

 

Cada uno hace, desde su experiencia, un aporte. En el caso del director de Comfandi, Jacobo Tovar, están poniendo el pecho en tres frentes claves para la gente: salud, alimentación y educación. En el primero se encuentran 1.700 valientes que siguen garantizando el acceso a los servicios médicos. “También tenemos a 1.200 colaboradores que trabajan en las droguerías y supermercados que siguen abiertas al público garantizando medicamentos y alimentación a nuestra comunidad”, agrega. La suma de esfuerzos de los valientes de Comfandi se potencia con los 700 docentes que se han reinventado para enseñar a niños y continuar con el calendario académico a través de la virtualidad.

 

El trabajo en equipo de Comfandi y, su compromiso, han llevado a que los vallecaucanos se sientan más acompañados con clases de baile, cocina, charlas empresariales, lectura de cuentos para niños, actividades para los menores y los adultos mayores. Una variedad que ayuda a la adaptación a estos momentos de cambio de las familias en este tiempo de aislamiento. Y por si resultara poco, grandes personajes a nivel nacional como el actor Julio César Herrera -a quien muchos recuerdan por su papel de Freddy de la novela Betty La Fea- se une a los esfuerzos como embajador Comfandi a través de clases de teatro.

 

 

Lecciones aprendidas

 

En esta crisis se han aumentado las reflexiones en cuanto a la familia, los hábitos y estilo de vida. Lo que se hizo bien y lo que se debe mejorar. Por eso, quisimos averiguar el mensaje que les darían nuestros entrevistados si tuvieran la oportunidad de reunir en un mismo espacio a la familia, amigos y compañeros de trabajo. ¿Qué les diría o qué lección tendría de la situación que vive el mundo?

 

Empezamos con Carlos Mauricio Vásquez. Su mensaje estaría cargado de una enorme gratitud con su familia, amigos y colaboradores. “En el futuro tendremos un anillo de solidaridad donde el primero es la familia, el núcleo más cercano. Un segundo, el de los amigos, donde se está dispuesto a hacer sacrificios por el bienestar de todos. Y un tercero que será la lección de este episodio que es el anillo de la solidaridad de la comunidad donde uno vive” puntualiza.

 

El mensaje de Carlos Enrique Cavelier sería que todos debemos estar listos y ayudar a todos los que podamos para solventar y apalear la crisis. “Hay muchos que ahora mismo ven dificultades, pero les diría que saldremos adelante como ya lo hizo la humanidad con la peste negra, la Segunda Guerra Mundial -que fueron más mortíferos- y que se lograron superar y conducir a un nuevo avance. La esperanza siempre estará ahí. Vamos a salir adelante gracias a la solidaridad que se ha despertado”.

 

Finalmente, Jacobo Tovar se siente optimista y dice “estoy convencido que saldremos más fortalecidos, mentalizados y empáticos. Creo que seremos, después de esto, más solidarios. Eso nos permitirá ser mejores ciudadanos del m

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