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Publicado 24 de marzo de 2021

Cultivemos emociones que otorguen valor a la sociedad

Estamos tan encandilados con nuestra individualidad que terminamos por creer que podemos prescindir del otro. Aun así, Martha Nussbaum, nuestra invitada de honor en el Foro Creamos Valor, señala que siempre tenemos la expectativa de ser reconocidos como un miembro valioso de la comunidad (como asegura en su libro Sin Fines de Lucro), tal vez por ello sólo escuchamos a los iguales, porque solo ellos pueden validarnos, en tanto, los que piensan distinto, no.

A partir de esa lógica, estigmatizamos y apartamos a quienes ponen en riesgo nuestra seguridad y sistema de creencias, porque “esos otros” pueden revelar nuestras debilidades más profundas o mostrarnos que el mundo está lejos de ser como de manera limitada lo definimos. Esos pensamientos y esas acciones surgen del miedo, tal como apunta Nussbaum.

Cuando permitimos que nuestras emociones negativas, moldeadas por la sociedad y alimentadas por nuestro ego nos dominen, es que empezamos a apartar a quien es diverso, al migrante, a quien se encuentra en otra orilla de pensamiento, a quien no comparte nuestra cultura o raza; segmentamos por razones de género, religión, condición socio-económica y nos metemos en un espiral en donde quedamos atrapados, extenuados y aislados.

No nos digamos mentiras, todos secretamente y en alguna medida lo hacemos. Todos en algún momento cedemos el mando a nuestras emociones más irracionales, evitando el contacto con eso otro que esta ahí para revelarnos que el mundo es mucho más de lo que mi estrecho círculo alcanza a percibir.

Martha Nussbaum de manera bondadosa nos invita a tomar el control de esas emociones y a reivindicar el valor infinito de lo diverso y su poder creador.  Debemos avanzar a una sociedad que reconozca su propia vulnerabilidad, que descarte la expectativa de completitud y la fantasía de la perfección. Precisamente la profesora Nussbaum señala que las emociones son determinantes en la deliberación moral y democrática.

Expone, además, que la razón por la cual la democracia va en declive es porque es dominada por emociones como el miedo, la ira y el asco. Desde su punto de vista, las emociones también pueden cultivarse y, considero que es ese uno de los mayores retos que tenemos hoy día como individuos y como comunidad.

Los invito a reconocer esas emociones al interior de nosotros y transformarlas. Evitemos lo que Nussbaum llama “violaciones del alma”, acciones pequeñas a través de las cuales vamos separando y jerarquizando de manera que poco a poco en nuestra vida diaria vayamos levantando las fronteras entre nosotros y el mundo.

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