La respuesta era el sabor

Seguridad, pasión y alegría son las características que saltan a la vista al conocer a Ana Patricia Chaves, una tumaqueña de nacimiento y caleña por adopción que se roba la mirada en cualquier lugar y que le pone sabor a la vida a través de platos exquisitos como su famosa sopa de atún y su cazuela de pescado con camarones, con los cuales exalta la costa pacífica colombiana.  Pero detrás de esta encantadora mujer que heredó de su madre el amor por la cocina, hay una historia de superación y empoderamiento gracias a la educación.

Ana Patricia, hoy es embajadora de la Cámara Internacional de Gastronomía, decidió tomar las riendas de su vida y dejó la inseguridad por el conocimiento, el temor por la pasión y la oscuridad por la ilusión.

Fue esposa a los 15 años, madre a los 18 y soñadora en cuerpo ajeno. Vivía a través de la vida de sus hermanos, de su ex esposo, de sus hijos y hasta de la gente de la iglesia a la que asistía. Lejana a su propia piel se conformaba con ser el equilibrio silencioso de su hogar.

Hoy es difícil pensar que Ana Patricia, esa mujer arrasadora a la que nada le queda grande, en algún momento de su vida sufrió de inseguridad y miedo. En medio de una relación agobiante y con un talento innato que pedía salir a la luz, Ana se refugiaba en la cocina, vendía comida a sus vecinos y recibía elogios por sus preparaciones sin pensar que pronto encontraría un ángel que le cambiaría la vida. “El ángel que le mandó Dios” al que llama su mentor es Darío Fuentes Bolaños un médico cirujano quien la persuadió para estudiar y le dio el impulso que necesitaba para vivir la vida que tanto anhelaba, porque el estudio sería el único medio que le auguraría un buen futuro.

Cuando sus hijos llegaron a la adolescencia, motivada por su mentor decidió salir de la oscuridad y le pidió a su hija a averiguar por las capacitaciones en gastronomía ofrecidas por Comfandi; porque alguien le había contado que allí podría mejorar sus habilidades culinarias. Fue así como se inscribió en el programa técnico laboral de cual hoy es egresada. Inició pagando 2 semestres como independiente y el resto lo hizo como afiliada a la Caja, esfuerzos que, asegura, merecieron la pena.

Hoy mira la fotografía que se tomó el primer día clase y lo recuerda con alegría y nostalgia, porque la cocina era su gran fiesta, su libertad, el espacio en el cual se refugiaba de vivir la vida de los demás y no la suya y para su grata sorpresa no solo se encontró con maestros experimentados que transmitían conocimientos y técnicas totalmente desconocidas para ella, sino que encontró grandes seres humanos que la ayudaron a sanar sus heridas y renacer.

“Cada vez que terminaba un semestre salía con la ilusión de volver pronto. Me acuerdo que el profesor Jimmy Alberto nos mandó a hacer un trabajo escrito a mano, donde pedía que narrara mi vida desde los 5 años hasta la edad que tenía en ese momento. Para mí esta fue la gran liberación. Hasta el día de hoy gradezco tanto esa tarea, fue un regalo de Dios para sacar tantas cosas que había guardado, y por esto soy convencida de que no pude encontrar mejor lugar para estudiar”.

Al tiempo que sanaba su corazón, Ana Patricia cosechaba momentos que jamás olvidaría. Cuenta que una vez Luis Fernando Ramírez, otro de sus maestros, en un examen le dijo que la comida que había preparado sería su cena, ese fue un gran espaldarazo para su carrera. Además, su proyecto de grado de cocina ancestral y tradicional colombiana, el cual sacó adelante gracias a los profesores Carolina Daza y Julio Ávila, se convirtió en el más grande tesoro pues la hizo merecedora de un reconocimiento de la Universidad Santiago de Cali por promover la cocina ancestral y tradicional colombiana. Ana ha ganado en dos ocasiones el premio TUMI de oro en Lima, Perú; fue la única colombiana invitada al primer congreso afro latino americano en enero de este año en Perú; graba la sección “Sazón casera” del programa “Tardes del Son” del canal regional Telepacífico, tiene un emprendimiento de catering para eventos y vive su mejor momento laboral y personal.

Ana es una fiel convencida de que el talento sin formación no tiene futuro. Gracias a la educación se montó por primera vez en un avión; hoy no para de viajar y asistir a eventos a los cuales es invitada en diferentes ciudades.

“La Ana Patricia de antes era una mujer que lloraba por todo, que no se atrevía a soñar, que tenía miedo de todo y cualquier cosa le abrumaba. Ahora soy una Ana Patricia Chaves preciado, segura de sí, que sueña en grande, que toma decisiones, que vive, es alegre, sonríe por decisión. La vida no es perfecta pero ahora soy yo quien decide por qué cosas llora, una mujer que se ama, se respeta y sobre todo que está llena de gratitud con Dios y cada una de los que le ayudan a seguir volando”

Artículo tomado de Caja de Resonancia, edición especial de la revista Entre Cajas

Imagen tomada de GPL Magazine